Machismo y sistema.

Mujer atada

 

Maria Freixanet Mateo

Senadora EnComú Podem

 

 

En el momento en que escribo estas líneas, hace ya un año que firmamos el Pacto de Estado contra la Violencia de Género y desde aquel día hasta el  presente se han producido noventa tres asesinatos en todo el Estado anclados al machismo. Envenenados por el machismo. Y no pasa una semana sin que un hombre asesine una mujer en este país. De todas las edades, procedencias, clases, relaciones y condiciones.


Y cuántas hostias, cuántos insultos, cuánto miedo, se soportan, se combaten o se esquivan cada día en cuántas casas, trabajos, rincones, calles y fiestas; si las asesinadas son noventa tres. Algunos son niños y niñas. No nos atrevemos a hablar de democracia, justicia o civilización allá donde pervive la brutalidad cotidiana. 


Fui parte de aquel Pacto. Meses de escucha, de negociación, de redacción. Con las expertas y entre todos los partidos. sacamos un par de centenares de propuestas en las que estábamos todas de acuerdo. Y aún así, era de mínimos. Equivalía a reparar los agujeros del sistema. Es desolador reparar sólo agujeros, pero qué falta nos hace repararlos: nos va literalmente la vida. Y para ser de mínimos nos era precisamente imprescindible aplicarlo rápido, sin demora.


Sin los agujeros, quizás aquel policía habría valorado correctamente el riesgo. Quizás aquel juez habría alejado y protegido las hijas. Quizás aquella mujer habría podido salir, marchar, a un lugar seguro donde vivir. Quizás aquella violación hubiera sido juzgada por un juzgado especializado. Quizás una psicóloga lo hubiera podido acompañar. Quizás la fiscal habría dado veracidad a su palabra. Quizás aquel niño habría sido escuchado. Quizás aquella chica se hubiera atrevido a hablar.


Una de las funciones más básicas, elementales, del que es un Estado, es la tarea de protección de la vida. La ciudadanía renuncia y el Estado acumula el monopolio de la fuerza. Y del juicio. Nuestro sistema judicial, nuestro Estado, no está protegiendo bien la vida de la mitad de la población. Y por lo tanto es una perversión que ponemos el foco siempre al exigir que denuncien, cuando el sistema no protege correctamente, y que mantengamos la denuncia como principal puerta de entrada a los recursos, asesoramiento, ayudas y derechos.


Hay que levantar ya un sistema que proteja. Con o sin denuncia. La revisión del que hay que cambiar la tenemos hecha, y es a muchos niveles. Hay cambios legales, pero también procedimentales y de coordinación. Hay la formación continuada en género a todos los profesionales que interactúan con víctima y agresor. Hay cambios en la valoración de riesgo, en la coordinación del sistema y en la especialización de los juzgados. Y en los recursos que tiene al alcance la víctima. La salida inmediata, el acceso a un techo, a una psicóloga, a la abogada de oficio o a una traductora o intérprete de signos. Hay la cobertura de todas las violencias, que a día de hoy el sistema especializado sigue dedicado a la violencia por parte de la pareja o expareja, excluyendo un amplio abanico de realidades. Hay la protección, la atención integral y también la reparación. Y hacen falta recursos. Y los 200 Millones de Euros que este 2018 el Estado tenía que destinar para cumplir con las medidas del Pacto – y nos hará falta una inversión mayor, a la altura del problema – todavía no están repartidos entre instituciones, no están enviados a cada uno de los servicios, no están impactando sobre la vida cotidiana. Así que podemos decir que hemos perdido un año. El Estado falla y es desesperante. Noventa tres es el extremo; no olvidamos aquello que no vemos.
Hay que levantar ya un sistema que proteja, decía. Pero también hace falta, con la misma urgencia, levantar un sistema que haga innecesario proteger. Prevención. Sensibilización. Educación. Educar en igualdad y sobre igualdad. Y sobre la libertad de las mujeres, sobre el cuerpo, el deseo y el consentimiento. Contra los roles cerrados, estereotipos y mitos, y contra el control. Educar en todo el universo afectivo-sexual, y sobre su diversidad. Educar durante todo el periodo educativo, a todo el alumnado, y con inversión, formación y recursos para el profesorado. Y educar desde por todas partes, que también educa la tele, también educan las redes, los medios y la publicidad. Para que el aprendizaje de nuestros niños y nuestras niñas ya sea otro. Ya sea libre de sexismo. Ya sea: libre.


El cambio cultural es capital. Y se está produciendo día a día; que la libertad de las mujeres avanza inexorablemente. Asumidla. Integradla. Respetadla. Celebradla. Apoyadla. Multiplicadla. Disfrutadla. Pues es imparable. Y utiliza la violencia quien no lo asume, quien se resiste; quien la cruz suya, quien la cruz menos, quien la cruz siempre disponible, quien busca poder o placer en nuestro sometimiento.


Nuestra acción política tiene que ir encarada a la caída de este sistema de pensamiento que es violento hacia las mujeres. Que es opressivo. Invisibilitzador. Controlador. Agresor. No hay otro fundamento de la violencia machista que no sea el machismo, que es control y dominio.
Y no nos atrevemos a hablar de democracia, justicia o civilización hasta que todos los hombres sean capaces de convivir con la libertad de todas las mujeres.
Que caiga el machismo. Se levanten contra él todas las mujeres y todos los hombres.