Machismos y cómo se manifiestan en la sociedad

Mujer de espaldas

 

Laura Fages

Secretaria Comunicación Sindicat Intercomarcal Tarragona

 

 

Tradicionalmente el machismo que conocemos ha estado asociado a la violencia de pareja y familiar, como la única cara visible de la desigualdad entre hombres y mujeres.

Históricamente el machismo era la manera de mantener un control emocional y jerárquico sobre las mujeres en el plano domestico, con el fin de aportar una mayor comodidad y bienestar en los hombres.

Podríamos pensar que esto con el paso de los años y la introducción de la mujer al mundo laboral habría terminado; el problema es que estos prejuicios no se han acabado, sino que algunos han evolucionado hasta convertirse en hechos cotidianos y disimulados que tomamos como algo normalizado a esto le llamamos Micromachismos.

El primero que acuño el término Micromachismo fue el terapeuta Luis Bonino en 1990. Según Bonino,” se trata de comportamientos masculinos que buscan reforzar la superioridad sobre las mujeres”. Podríamos ampliar un poco mas este concepto y adaptarlo al 2018, a mi me gusta definirlo como pequeños gestos, comentarios y prejuicios que tenemos tan interiorizados que los damos como normalizados y no los concebimos como machismo. Un machismo que por su menor intensidad no mata y pasa desapercibido de manera que tanto hombres como mujeres lo aceptamos e incluso lo practicamos de manera inconsciente, le podríamos llamar el Machismo Invisible.

Muchas de estas actitudes son secuelas de nuestra educación y de los productos culturales que nos llegan, ya sea por medio de los medios de comunicación, las redes sociales, espacios personales…

Se me viene a la cabeza un ejemplo concreto sobre campañas publicitarias recientes que confirman estos hechos; como el anuncio premiado este año como el peor y más machista (premio que organiza la FACUA desde 2010), no deberíamos tener que otorgar este premio en pleno año 2018, pero mucho menos entregarlo cuando el anuncio viene directamente del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Se trata de un cartel en el que se muestra a una chica y un texto que relacionaba beber demasiado con un mayor riesgo de sufrir una violación. Esto hace (aunque no lo parezca) que la sociedad tenga una imagen de responsabilización sobre las mujeres de las agresiones por el mero hecho de disfrutar del ocio nocturno igual que hacen nuestros homólogos masculinos.

Esto podríamos decir que es un caso muy claro de cómo la sociedad patriarcal intenta influir en nuestras opiniones cayendo en el error de paternalizar para proteger, y no dar herramientas a las personas para no educar en la no agresión; esto ha llevado a someter a nuestras jóvenes a una serie de Micromachismo y presiones enmascarados por la frase “lo hago porque te quiero”, ejemplos claros son estas dos frases:

-Dejo salir más a tu hermano porque es hombre y sabe defenderse.

-Ten cuidado a la hora de volver, si puedes no vuelvas sola pide a un amigo que te acompañe.

Muchos de estos hechos y frases se basan en educar a las mujeres en que deben protegerse, y como estos hechos no pasan como machismo sino como una manera de “proteger” a las que queremos, nos olvidamos que la clave es educar a los hombres en no agredir.

Pero no solo los hombres pueden caer en los micromachismos sino que somos muchas las mujeres que los practicamos aunque sea de manera inconsciente. Cuantas de nosotras alguna vez hemos caído en el error de criticar a otra mujer por su manera de relacionarse sexualmente o hemos practicado body Shaming sobre una compañera de trabajo o amiga. Esto nos debería llevar a pensar que debemos cambiar la manera de concebir los roles de género en la sociedad y dejar de educar en estereotipos tanto masculinos como femeninos.

Esto se puede lograr gracias a campañas contra la invisbilización de los problemas que el machismo crea en la sociedad: debería ser el primer paso y más importante, conjuntamente con una concienciación de que el machismo no es un problema únicamente de las mujeres, sino que nos concierne a todos incluida la población masculina. Y en el ámbito institucional desarrollar leyes que de verdad creen justicia no discriminatoria para que no vuelvan a ocurrir hechos como la sentencia de la manada, que nos enseña que en esta sociedad si el miedo te paraliza ante una  agresión machista (como una violación, un maltrato…) esta se transforme en un acto consentido y la culpa sea tuya.

Así que en definitiva lo único que nos queda es educar, formar y trabajar en el feminismo para crear sociedades donde los roles de género no existan.